Un querido amigo nos dejo estas palabras, muy interesantes y para pensar sobre las elecciones del domingo pasado.
Amigo:
Si tarde en responder a su mensaje (cosa que espero que pueda entender) es porque me dio tremendamente contra toda mi humanidad lo sucedido el domingo pasado, sentí (siento y me animaría a decir que seguiré sintiendo) que cada voto porteño nos dobla las manos a cada instante en que nos proponemos limpiar nuestra mesa, solo para un poco más de dignidad, justicia, verdadera libertad en la que todos podamos ser realmente todos, por eso me tomé unos días para pensar lo acontecido.
Sabe que no me gusta generalizar. Por eso mismo no quiero ser hipócrita al juzgar únicamente a los porteños (que por razones de ceguera, creo yo, los han llevado a meter un sobre negro en las urnas) pues no intuyo en ellos la maldad, ni deseos de indiferencia hacia los desangelados, sino algo que se asemeja bastante pero desde el desconocimiento, la ignorancia. Obviamente, provocado por una burbuja que los refleja desde su condición “social natural de privilegio” (por llamarla de alguna manera) acompañada de una vieja mirada eurocéntrica, proyectándolos hacia un arcaico anhelo de lo que antaño se llamaba “progresismo”. Por eso creo que son ciegos (por naturaleza) como si las actitudes sartrianas frente al poder hubiesen sido mal naturalizas (en otras palabras: mal entendidas) o esgrimidas por los que no son sus verdaderos destinatarios, dando el siguiente pésimo resultado: “estamos siempre contra el poder sin fundamento ni razones, asumimos del voto castigo en nuestras manos.” Y me refiero a una ceguera natural contra el poder porque ese voto pareciera salir desde el inconsciente mismo. Porque cuando logro tirar del ovillo al indagarlos para entrever desde dónde viene tanta maraña termino por encontrarme frente a un interlocutor atónito, sin respuestas, ni hablar de proyectos.
Y cuando digo que no quiero ser hipócrita con los porteños me refiero a que ese pensamiento no se encuentra delimitado únicamente entre el riachuelo y la av. Gral. Paz, sino que es mucho más abarcativo, es el razonamiento de gran parte de la clase media. Y ella se encuentra en todo el país, como bien se sabe. Por eso no son solo los porteños. Si le digiera toda la gente que viene al negocio puteando al gobierno y deseando a Macri como presidente mientras me compran un kilo de ProPlan o algún otro tipo de alimento. Pero por fortuna para el país nunca se bajo Alfonsín junior de las presidenciales, ni el hijo de puta narco de Duhalde, cosa que favoreció el proyecto de nación, por suerte, pues una alianza con Macri a la cabeza hubiese sido catastrófica. Ahora, de eso puedo sacar una humilde conclusión: el orgullo mostrado por cada uno de esos posibles candidatos al no bajarse de las presidenciales demostró que solo quieren el poder por el poder. Y, además, que no tienen ni la más puta idea de hacia dónde hacer caminar al país. Pues, caso contrario, hubiesen conformado un bloque para las elecciones presidenciales. ¿O no le parece?
Volviendo a lo del voto castigo: ese tipo de razones injustificadas, sin mirar a quién se favorece finaliza por imponer en los gobiernos a los títeres de los poderosos, un Macri, claro está. Y así, se puede perder nuevamente lo poco que se ha conseguido. ¿Y sabe por qué? Porque supuestamente desean “cambios más profundos” (hablo de la clase media con buenas intensiones pero con malos fundamentos a la hora de elegir a nuestros representantes en todo el país) pero no tienen los huevos para poder sumarse a un proyecto y realizar cambios desde su interior. Terminan por quedarse parados, a la orilla de lo que va aconteciendo, y esa inmovilidad cívica se transforma en el voto castigo hasta para ellos mismos, para todos nosotros, viejo.
Entonces cabe preguntarse: ¿por qué la clase media toma esa actitud? Para responder esa pregunta hay que pensar en los discursos y en las acciones del gobierno Kirchnerista. Y esto que le digo ahora, me hace recordar instantáneamente algunas de las prácticas que han sido realizadas por ellos. Por citar dos ejemplos: primero, las aplicaciones macroeconómicas de bienestar social derivadas de las teorizaciones de J. Keynes, desobedeciendo las recomendaciones de los fondos buitres, conformando un Estado con marcadas incidencias económicas dirigidas hacia la base piramidal de ganancias, en otras palabras, hacia los pobres, los que menos tienen; segundo, la importancia del rol de los intelectuales acompañando y guiando a las “masas populares” como proponía Gramsci, para conformar un verdadero bloque político y libertador, los intelectuales al servicio de los desposeídos. De apenas estos dos ejemplos que le estoy dando la clase media grita: “éste gobierno labura únicamente para los indigentes”, pero claro ni saben quien es J. Keynes ni qué carajo es el Estado de Bienestar; otro grito es el intento de desprestigiar el apoyo de los intelectuales: “por la plata baila el mono” dicen, y en eso existe una idiotez sublime mucho mayor. Porque yo, al igual que usted, sabemos que alguien que desee estudiar sociología, filosofía, o ser licenciado en ciencias sociales para llenarse de guita no es posible jamás, por nombrar solo a algunos: Ricardo Foster, Jose Pablo Feinmann, el genio de Dolina, etc., etc. la motivación que lleva a alguien tras la filosofía, tras la sociología es mucho más profundo que el fondo de un bolsillo o más encantador que la cantidad de números en una cuenta bancaria, parten de ideales bien definidos e incorruptibles. A mi parecer es algo que se ha dado únicamente desde este gobierno, ni Perón logró conformar un bloque similar. Entonces ahora hay que comenzar a pensar en lo que falta o “falla” y como consecuencia genera desconfianza en la clase media a costa de títeres y verdaderos poderosos.
Se sabe que los gobiernos populistas ayudan más a los desfavorecidos por medio de planes, asignaciones familiares, cooperativas, etc., cosa totalmente apreciable para los intelectuales sociales, pero justamente dicho modus operandi se transforma prácticamente en un absurdo para la clase “social natural de privilegio” y hasta algunos lo ven como un insulto para el trabajador formal, eso es lo que percibe la clase media que posee un sueldo digno, cosa que no todos tenemos, amigo. Así, terminan sintiéndose “estafados” o como si estuviesen “fuera de los planes del gobierno popular”, “despojados del proyecto nacional” (otra sublime estupidez) y eso no sucede por motu proprio sino todo lo contrario, más que nada por los incentivos de bulos dichos por los verdaderos poderosos que parecieran no tener cara, no existir. Por lo cual, la clase media, amigo, se termina convirtiendo en esclava del voto castigo, sin poseer fundamento alguno a la hora de depositar en las urnas algo con tanto valor. En ese contexto es donde se debe entender el éxito de Macri en CABA a pesar de la falta de sus propuestas de gobierno y tras su total incumplimiento.
Y ahí me salta la ficha, amigo. Ahora entiendo a quién nombro cuando digo la clase media ciega, ignorante, la clase “social natural de privilegio”, son los que persiguen únicamente su buen pasar económico y que en su vida no han abierto más que un libro de Paulo Cohelo para aliviar cierta culpa, cosa que no juzgo ni bien ni mal, lo hacen y listo, pero sobre todo son engañados o se dejan engañar y esto último nos deja el peor de los resultado. Y por eso es a ellos a quienes debemos ayudar, quizá no económicamente, tampoco aliviando su culpa, pero sí quitándoles el velo de los ojos desde lo que tenemos de verdadera humanidad para brindar, estirándoles nuestras manos para que ayuden desde adentro.
Eso me lleva a pensar que la clase media (bastante descripta a los ponchazos más arriba) desea que le llenen los oídos. Y bueno, a comenzar a llenarle las orejas a los que creen no ser escuchados. Teniendo a la clase popular, después a toda la clase media, las cabezas de arriba se podrán desgajar como frutos podridos. ¿A caso no coincide conmigo, querido?
Andres "Glú"
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